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"El Jubileo y Y2K"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 25 febrero 1999 del Inland Register)
Aún hay quienes piensan que la estructura de sociedad se derrumbará, y que nos enfrentaremos a una anarquía y un caos. Ya podemos ver a personas acumulando comida, baterías, y cualquier otra cosa que se pueda requerir para encarar tal derrumbamiento y calamidad. En cambio, ha habido acercamientos más equilibrados, como el artículo de la revista Smithsonian que tiene más sentido común al acercarse a este cambio, y cree que sí hay problemas, las personas se sobrepondrán a ellos. Otro articulo, en una emisión reciente de The New York Times, indica que podría haber más daño por las reacciones histéricas que en el día mismo. Para nosotros en la comunidad católica de fe, nos acercamos a el año 2000 como el año Jubilar al celebrar este año especial del nacimiento de Jesús. Ahora estamos en el último año de preparación, con nuestro enfoque en el Padre y la reconciliación. En 1997 dimos énfasis a el Hijo de Dios y, en 1998, a el Espíritu Santo. El Papa Juan Pablo II ha alentado este acercamiento trinitario en su exhortación apostólica “El Próximo Tercer Milenio.” Este formato nos ha dado una rica oportunidad de renovación espiritual y apreciación de la presencia de Dios en nuestras vidas. Cuando nos acercamos a el año del Jubileo, podemos apreciar las muchas bendiciones y regalos del pasado, pero también podemos mirar hacia el futuro con un renovado sentido de vigor y entusiasmo cuando empezamos un nuevo milenio de nuestra fe viviente. Nosotros hemos sido realmente bendecidos si miramos al pasado. Vivimos en un país que, a pesar de los desafíos y problemas, nos ha proporcionado oportunidades para muchos. La diversidad de personas con sus muchas diferentes raíces étnicas y tradiciones, la hermosa tierra en la que vivimos con una variación tremenda de desiertos, valles, ríos, ricas tierras de cultivo, cordilleras y cumbres de montañesas son maravillosos regalos. También es importante que miremos nuestra herencia espiritual que es nuestra en la Iglesia. Las madres, padres, individuos, trabajadores migrantes, hermanos, hermanas, diáconos, y sacerdotes nos han proporcionado una rica tradición en el que construimos este momento cuando miramos a el año 2000 y más allá de él. Estamos en vísperas del gran jubileo así como expresamos nuestras gracias a Dios por todas estas bendiciones. También miramos al futuro. La invitación de Jesús vivir el Evangelio, para amar a Dios, a nosotros mismos, y a nuestro prójimo, continúa siendo la urgencia más grande, como un llamado a una respuesta de una fe más plena. El Santo Padre habla de la necesidad de una Nueva Evangelización tan urgentemente necesaria al acercamos al próximo milenio. Nos encontramos en un momento especial de la historia humana, en un cruce de caminos, de nuevas direcciones y oportunidades. En términos humanos nunca la Iglesia y la comunidad mundial ha estado en contacto tan cercano los unos con los otros de manera tan notable. El contacto tan fácil y la movilidad, proporcionan grandes oportunidades para la comunicación, la relación, y el compartir. Pero en cambio, nunca ha habido más oportunidades para abusar, para acumular, para manipular la conducta del consumidor, y promover ideologías que son contrarias al Evangelio y la rica tradición de la Iglesia. Necesitamos mirar internamente dentro de la Iglesia para llamarnos a un amor verdadero y a un respeto de los unos para con los otros cuando nos esforzamos por ser una comunidad vibrante, llena de la presencia de Jesús, animada por el Espíritu Santo. Hemos empezado el último tiempo de Cuaresma de este milenio. Estas semanas antes de Pascua nos proporcionan una oportunidad especial para revisar nuestras vidas y continuar nuestro viaje de conversión. Cuaresma es un tiempo maravilloso para crear una visión. No sólo nos hace mirar hacia adelante a la fiesta de Resurrección, el día más grande de las fiestas de nuestro año litúrgico, pero también podemos mirar hacia adelante por lo que el nuevo milenio podría llegar a ser. ¿Cómo podemos todos juntos ser lo mejor de nosotros con la ayuda de Dios y el apoyo de unos y otros en comunidad de fe? ¿Qué piedra no recoger u hoja no volver es una oportunidad perdida? ¿Cuán bien tenemos que examinamos en discernimiento para santificar las circunstancias comúnes, ordinarias de nuestras vidas y las presiones que vivimos todos los días? ¡El nuevo milenio ya viene! No tenemos nada que temer o estar nerviosos/as por eso. Al contrario: tenemos toda razón para esperar y estár agradecidos a Dios. La Providencia de Dios se despliega ante de nosotros al empezar este nuevo momento en la historia. Que usted y yo nos embarquemos en una espera llena de sueños, esforzándonos por ser discípulos fieles de Jesús y miembros fieles de nuestra Iglesia. Mucha alegría y paz!
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