De Parte del Obispo

"Obispo Lawrence Welsh: Que descanse en paz"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 4 febrero 1999 del Inland Register)

El Señor Obispo Lawrence Welsh, cuarto obispo de la Diócesis de Spokane, murió temprano en la tarde del miércoles en St. Paul el 13 de Enero.

Había tenido un año largo, duro y enfermo desde que lo operaron del bajo colon en Enero de 1998. Después de una peritonitis, él tuvo tres cirugías después de la primera, y durante estos pocos meses experimentó cáncer pulmonar junto con los tratamientos de quimoterapia. Hablé con él regularmente y en agosto recién pasado tuve la oportunidad de visitarlo, por una hora más o menos, donde estaba con las Hermanitas de los Pobres en St. Paul. Me comentaba con frecuencia durante las conversaciones por teléfono y también en la visita personal “tomo un día a su tiempo.” Vivió ese espíritu bien.

Cinco personas y yo representamos nuestra diócesis en la misa del funeral en la Catedral de St. Paul, en St. Paul. El Sr. Arzobispo Harry Flynn de la Archidiócesis presidió y fue el homilísta. El Sr. Arzobispo John Roach, arzobispo jubilado de la Archidiócesis de Minneapolis-St. Paul, dío una reflexión personal al final de Eucaristía antes de la oración de despedida. Ambos arzobispos hablaron franca, poderosa, y bellamente sobre la vida del Sr. Obispo Welsh.

La catedral, que tiene aproximadamente 3,000 asientos, estaba casi llena, y la celebración de Misa del funeral fue en verdad una celebración jubilosa de fe y gratitud a Dios. Al día siguiente, a pedido del Obispo Welsh, se le enterró al lado de su padre en Rock Salta, Wyo., donde creció.

Durante los años que estuvo aquí en Spokane, tuve mucho contacto con él. Cuando salió en 1989, los eventos fueron penosos y devastadores. Entró en un programa de tratamiento duro, viviendo en el mismo cuarto con otros cinco hombres, por cinco meses. Cada uno fue conocido por los otros en base del primer-nombre, y no había ninguna excepción. Gradualmente, con el apoyo y afirmación del Sr Arzobispo Roach, el trabajó por arreglar un regreso a su ministerio Episcopal como obispo auxiliar de la Archidiócesis de Minneapolis y San Paul.

Se volvió bien conocido en el área de Twin Cities por sus talleres de sanación, sobre todo por profesionales. Su manera fácil de encontrarse con el pueblo le dío un nuevo sello a su ministerio Episcopal. Su conocimiento del español le hizo muy útil para la gran población hispana del área. Dío retiro a algunos sacerdotes alrededor del país y tenía en su calendario conducir un retiro para los obispos del Sur-oeste en Enero. Además, estaba con él por dos años como miembro del Comité de Consulta de los Obispos sobre “Vida y Ministerio”. Sus discernimientos y experiencias fueron muy útiles en el trabajo del comité.

En la entronización del Sr. Arzobispo Brunett en Seattle en diciembre de 1997, fue muy claro que había perdido una tremenda cantidad de peso. Unas semanas más tarde, tuvo la primera cirugía y nunca verdaderamente se recuperó. Las hermanitas de los Pobres tomaron un cuidado maravilloso de él. Me dí cuenta muy poco, el verano pasado, que esa sería la última vez que lo vería vivo en este mundo.

A menudo me he preguntado si yo habría tenido el mismo valor para responder a situaciones de vida tan valientemente como él lo hizo.

Por razones obvias un obispo es una figura muy pública. Una devastación pública es igual más penosa y más difícil de enfrentar. Recogió los pedazos de su vida con mucha ayuda y apoyo, y comenzó de nuevo. La experiencia de su humanidad y su jornada de fe se volvieron para él una herramienta que él usó con gran destreza en su ministerio ayudar y apoyar a otros. Estoy seguro que para muchas personas se transformó en una fuente de inspiración y estímulo.

Ahora que ha muerto, y su testimonio se muestra como uno hombre que creyó profundamente en el amor incondicional de Dios y que reconoció su debilidad puede ser un paso a una vida nueva y en la necesidad de una gran dependencia en Dios y en los otros. St. Paul en sus escrituras también tuvo una visión muy clara de esa experiencia en su propia vida.

Nosotros debemos reconocer con frecuencia que nuestros propios fracasos y debilidades, Dios nos llama a una sanación y a un reconocimiento en un análisis conclusivo de que somos totalmente dependientes de Dios. Esta pobreza de espíritu nos abre al poder y amor sanador de Dios — no importa que. Esta sóla actitud puede hacernos personas más saludables. Al reconocer esta verdad, la sociedad más amplia sería mucho más saludable también.

En nombre de todo nosotros, extiendo a la familia Welsh en Rock Salta nuestra cordial simpatía, pero también nuestras gracias a Dios por el regalo de la vida y ministerio del Sr. Obispo Lawrence Welsh. Cuando pasaba por el aeropuerto de Minneapolis, la otra noche, sentí la urgencia de llamar al Sr. Obispo Welsh, como lo hice tan a menudo cuando pasaba por esa ciudad en mis viajes. Tendré que anular su nombre y número del teléfono en mi organizador y darme cuenta que ahora esa llamada tendrá que ser a través de la oración.

Celebraremos una Misa conmemorativa por él en la Catedral de Nuestra Señora de Lourdes el Lunes, 15 de Febrero, al mediodía. Que Dios le bendiga con el descanso y la paz eterna.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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