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"El regalo de la vida consagrada"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 14 enero 1999 del Inland Register)
Aunque esta celebración es global para toda la Iglesia, podemos reflexionar en lo que la presencia de aquellos, que han consagrado su vida al Señor, ha significado para nosotros aquí en el Noroeste y en nuestra propia diócesis. En medio del último siglo, las comunidades Religiosas de hombres y mujeres (hermanos, hermanas y sacerdotes) fueron algunas de las primeras en nuestra área. Los primeros dos sacerdotes ordenados en el Estado de Washington (en Walla Walla) fueron miembros de una comunidad Religiosa. Algunas de las primeras escuelas, orfanatos, hospitales, e iglesias establecidas fueron construidas por comunidades Religiosas de hombres y mujeres. Uno tiene que admirar su valor, su generosidad, y su visión por el futuro. Nombres como el de la Madre José de las hermanas de Providencia y los Padres Cataldo y Desmet de los Jesuitas se han vuelto una leyenda en nuestra Iglesia en el Noroeste. En la Diócesis de Spokane vemos el impacto significativo de nuestra Educación católica y en nuestras Instituciones del cuidado de la Salud. Aunque los laicos son ahora los principales envueltos en ambas de estas misiones, los sueños y duro trabajo de mujeres y hombres Religiosos son la razón de la realidad que vemos hoy, en verdad es notable. El ministerio con los pueblos nativos continúa con una gran sensibilidad a su cultura y a sus actuales necesidades. Las comunidades contemplativas enriquecen nuestra vida espiritual. Según estadísticos nacionales recientes hay en los EE.UU. 62.365 miembros de comunidades religiosas de mujeres y 12.987 en las comunidades de hombres. De estos 19.888 mujeres y 2.319 hombres están retirados. Claramente, estos números son significativos desde hace varios décadas (excepto, por supuesto, el número de jubilados) lo mismo que clero de la diócesis ha disminuido en números aunque no tan significativamente. Los tiempos han cambiado, ciertamente. En años recientes muchas vocaciones en vida han ido pasando y buscando sentido, incluso el matrimonio. Nosotros como Iglesia debemos escuchar a lo que el Espíritu Santo nos está diciendo y dónde el Espíritu nos guía. Ésto no es una sentencia o tiempos de oscuridad, pero sí un período de evolución cuando continuamos discerniendo lo que Dios desea que hagamos cuando viajamos en la fe hacia el próximo milenio. Ofrezco tres sugerencias para celebrar el Dáa Mundial de la Vida Consagrada. Primero, necesitamos estar agradecidos. recordé especialmente esa gratitud la semana recien pasada cuando celebré Misa en el Convento de las Hermanas de los Santos Nombres en Fort Wright Drive, en la Fiesta de la Santa Familia y en Mt. St. Joseph con las Hermanas de la Providencia, el día del Año Nuevo. En ambos casos visité después las enfermerías. Muchas de estas hermanas las he conocido por mucho tiempo. Cuando se acercan al invierno de sus vidas, encuentro que ellas van partiendo en humilde paz y alegría. Esas visitas han sido siempre una especial experiencia espiritual para mí. Segundo, debemos continuar orando por vocaciones a las comunidades Religiosas de hombres y mujeres. Con más precisión, debemos decir que oramos por respuestas generosas a la llamada de Dios. Dios siempre da vocaciones religiosas suficientes para la Iglesia. Nuestra tarea es escuchar y responder generosamente. Tercero, debemos apoyar a aquellos hombres y mujeres que dedican sus vidas al servicio de la Iglesia en la Vida Religiosa. Los apoyamos en la oración, con una actitud positiva apreciando su propio desafío en su jornada de fe. Todos juntos somos Iglesia y el Señor ciertamente espera que nos apoyemos los unos a los otros en la misión común de unidad de edificar la Iglesia, proclamando y haciendo vida el Evangelio. Que Dios les bendiga a todos ustedes y les dé paz y alegría.
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