De Parte del Obispo

"Leyendo los signos. . . ."


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 17 diciembre 1998 del Inland Register)

Una de las costumbres en mi hogar, cuando yo era niño, era la venida de Santa Claus antes de Navidad. Por alguna razón, mis padres siempre parecían saber la noche y el tiempo exacto para llegar. Una noche, él se apareció en la ventana unos días antes de entrar. Entonces, nosotros aún niños, nos asustamos muchísimo, porque Santa siempre preguntaba si habíamos sido buenos. Nosotros no queríamos que viera algo que no debieramos tener, o algo que no deberíamos haber hecho.

Una de las cosas más enigmáticas para mí, era la bolsa en la que él que traía los presentes. Se parecía a la colcha de la cama de mi padres. Otra cosa era que mi tío desaparecía cada vez que Santa venía.

Finalmente, después de tocar estos dos puntos, una y otra vez, e importunar a mi madre sobre lo que había observado, estalló en risa y me contó la verdad.

La historia de Navidad es poderosa. Este momento único de la historia, es un signo del amor de Dios por cada uno de nosotros, revelado a través de un cuento tan simple y sin embargo tan profundo. La estrella del universo apunta a Belén, a un diminuto niño. La venida de Jesús en circunstancias tan humildes y tan frágiles, se transforman, para cada persona de la familia humana, en una historia para todos los tiempos. Todo el mundo puede identificarse con un niño en un pesebre y emocionarse poderosamente ante el amor expresado por nuestro Dios, como Palabra hecha carne para la salvación y la vida del mundo.

Celebramos hoy la Navidad, recordando esos acontecimientos de casi 2.000 años, con gran entusiasmo y esperanza. Para nosotros, en la Iglesia, el tiempo de Adviento es un tiempo de preparación espiritual para el Día de la Navidad, y llevamos el sabor de éste espíritu de la celebración de Navidad hasta la celebración de la Fiesta de la Epifanía.

En el mundo secular, el tiempo anterior a la Navidad, puede y se toma en un contexto mucho más materialista. Estas semanas previas, para algunos negocios son indicadores de sí ellos podrán hacer frente al estado financiero de todo el año ó no. En el mundo secular todas las decoraciones bajan inmediatamente después de la Navidad. Los himnos y los cantos alegres en las radios también cesan. No hay ninguna razón para seguir celebrando lo que verdaderamente ha pasado en el día de la fiesta misma.

El tiempo de Navidad nos llama a relación más estrecha entre unos y otros. Jesús vino para el mundo entero, para cada uno en la familia humana. Espero que todos podamos leer los signos de los tiempos, y cómo Jesús nos llama, ponernos uno junto al otro para expresar su amor de los unos para con los otros.

Francamente, me sobrecogo cuando oígo (como lo hice el otro día ante una noticia del diario) que en el fondo la razón para fusionarse e invertir son las ganancias. Si pongo una medida más baja puede significar un porcentaje extra de ganancia, y esta bien. En el contexto del mensaje de Navidad y de la historia, ésta actitud, a mi juicio, no es ponernos los unos junto a los otros.

¿No sería maravilloso revisar cual es nuestra línea de fondo, como persona? ¿No sería gradioso oír que podemos llegar hasta lo máximo, de nuestros mejores esfuerzos en nuestras compañías, para proporcionar trabajos de calidad, de manera que las personas puedan encontrar dignidad y respeto en su trabajo? Por supusto que las ganancias modestas son importantes. Una industria debe ser viable. Los inversionistas deben tener un rendimiento razonable a sus inversiones. Por otro lado los sueldos son inmorales cuando ellos son demasiado bajos o demasiado altos.

Aún, el hacer crecer los beneficios y ganancias, a costa del trabajo y del trabajo productivo, puede rápidamente y fácilmente carnivalizarnos en la sociedad. Deberíamos y debemos estar en el negocio de, llevar hasta el máximo a las personas, de promover el bien común, y de compartir generosamente nuestros regalos y recursos.

Estamos llamados a estar atentos, a revisar cómo nos tratamos, los unos a los otros en la familia humana y cómo debemos responder protegiéndonos, los unos a los otros, como hermanos y hermanas. Ésto es realmente poner la historia de Navidad en acción, de mover la historia y la Palabra a hechos y a una preocupación amorosa.

Los signos están cerca de nosotros. Los vemos. Los oímos. Los experimentamos. La venida de Jesús como niño, es una historia poderosa, una gran señal. Cada uno de nosotros es desafíado/a ser también un signo de Su amorosa presencia. Ésto es realmente poner juntas nuestras vidas, los unos con los otros, es lo que habla al mundo del verdadero Reino de Dios en el cual vivimos.

Ésta es, y debería ser, la historia real de Navidad, aquí y ahora.

Una de las maneras en la que podemos ayudarnos, los unos a los otros, es participar en nuestra Colecta de Navidad para las Caridad Católica Anual. Nuestro tema este año es “Edificar la Comunidad de Dios.” Los programas son muchos e impresionantes: CAPA (Nacimiento y Padres Sólos), consejería, ayudas de emergencia, Casas de Caridad, albergues, ministerio social parroquial, compañeros para una comunidad viviente, instalación de los refugiados, Hogar Santa Ana para niños, Albergue Santa Margarita, y servicios mayores. Todo ésto pasa porque estamos s unimos juntos como Iglesia servir a nuestros hermanos y hermanas en necesidad. Nosotros también hacemos estos ministerios a través de nuestra generosidad y preocupación. Les invito y les aliento a ser generosos/as en su respuesta.

¡Que usted, su familia, y aquellos que ama tengan una Bendita y Felíz Navidad!

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Otra razón para tener una celebración en este tiempo del año es el aniversario del Obispo Lawrence Welsh, obispo anterior de Spokane. El 14 de Dec. el Obispo Welsh celebra su 20th aniversario de su ordenación del episcopal. Sé que ustedes se unirán a mis oraciones y buenos deseos para el Sr. Obispo Welsh al continuar su ministerio tratando de sobreponerse a su pobre estado de salud.

Una petición especial de Navidad

Por más de dos meses, ahora, la huelga de la Unión Steel workers contra Kaiser Aluminio sigue arrastrándose. No he estado cerca de la situación, sólo sé lo que he leído en el periódico y la presión que he podido ver en algunas familias.

Suplíco a ambos lados reunirse y establecer acuerdos, en medio de las discordancias, en favor de la justicia y de la paz. Cualquier cosa que va más allá de dos meses de duración, a mí juicio, puede sólo dar como resultado una amargura más honda y cada vez más emociones reprimidas.

Kaiser debe querer una Unión fuerte, y la Unión debe querer un Kaiser fuerte.

Hay justicia, y hay un bien común.

Todos oremos para que ambos valores contribuyan a una rápida solución.

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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