De Parte del Obispo

"Todos somos terminales"


por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad

(Del edición 3 diciembre 1998 del Inland Register)

En nuestra sociedad se pone un énfasis considerable en parecer joven. Cirugía cosmética,teñidos de pelo, cremas para la piel, con un relleno extra se intenta llenar las curvas y las arrugas, el encanecimiento, y las manchas de la piel. El proceso biológico de envejecimiento no se detiene nunca, y como el Santo Padre, entramos en el otoño de nuestras vidas, conduciendonos finalmente al invierno. Como dice el refrán, todos somos terminales.

Con la celebración de la Fiesta de Cristo el Rey concluye otro año Litúrgico y empieza un nuevo tiempo de Adviento. La raiz del significado de la palabra Adviento es "venida." Para nosotros en nuestra tradición católica, esta venida se refiere, por supuesto, a la del Señor.

Nuestra vida en tierra pasa por transiciones bastante rápidas hasta el momento de la muerte cuando veremos al Señor cara a cara. Esta transformación se da en un "abrir y cerrar de ojo" como San Pablo nos lo recuerda significa un nuevo nacimiento cuando salimos el hogar temporal de nuestros cuerpos terrenales y nos encontramos con el Salvador Resucitado en una gloria y plenitud que nunca hemos experimentado antes.

Muy a menudo tenemos la ten-tación de apegarnos a la vida y a los que amamos a lo que ellos fueron, pero vida no es nunca lo mismo en nuestro caminar al futuro. Podemos empujar el botón de la repetición en nuestra memoria, pero el momento vivido no volvera jamás. La vida se desarrolla. El Salvador viene. El amor Salvador. El Salvador nos Resucita.

La transición del final del año litúrgico a otro Adviento nos alienta a aceptar las transiciones en la vida, como parte de nuestro ciclo de muerte y la venida a una vida más plena en el Señor. Esta fragilidad, la tienda terrenal de nuestro cuerpo es una maravilla de la creación y un misterio. Con Jesús como nuestro Rey, se nos recuerda que el Salvador es Señor de nuestras vidas. Viajamos más allá del horizonte visible al misterio del más allá, a la venida del reino de Dios como un hogar permanente con la comunión de santos, con todos aquellos que se han ido antes de nosotros.

Hay siempre un espíritu de ávida anticipación durante el Tiempo de Adviento cuando preparamos por la celebración de la venida del Salvador a nuestro mundo. La Iglesia de la Natividad en Belén Los puntos que encuadran en un tiempo real y en un lugar en el que este evento tan espectacular en historia tuvo lugar. Sin embargo, ese momento sigue brillando más allá del pasado, ahora alumbra nuestras vidas en apreciación del Adviento de Jesús en nuestros corazones y en nuestro camino de fe. La estrella de Belén apuntó a lo que era presente, más allá de la vista física inmediata. Los acontecimientos que rodean la venida de Jesús fueron acontecimientos ordinarios en la vida de las personas. A decir verdad, algunos de ellos no fueron del todo tan agradables. No obstante, ésta es la manera que Dios lo escogió.

La humanidad de ese primer Adviento debería recordarnos de la humanidad del Adviento de hoy día, presente también. La estrella de la liturgia continúa brillando. Algunos oyen un llamado especial de Dios. Otros experimentan una jornada dolorosa. Otros tienen la experiencia de no encontrar ningún cuarto en la posada. Otros la experiencia de la muerte intempestiva de los Santos Inocentes que fueron asesinados, y otros se sienten atrapados en situaciones traumáticas, en desastres naturales, como el Huracán Mitch, que los lleva a su Adviento final. La Palabra de Dios encarnada en un pequeño niño habla de humildad, de silencio, de gran vulnerabilidad y de impotencia.

Por la memoria y la reflexión, ahora entendemos lo que pasó entonces. El Tiempo de Adviento nos ayuda ver ahora más claramente. Usamos la experiencia de lo que fue antes para leer las señales y signos, sin embargo débil y velada, más adecuadamente.

En los meses recientes el telescopio Hubble ha sido usado por los astrónomos para investigar los cielos. Se han hecho nuevos descubrimientos, algunos de ellos aún más misteriosos que antes. Podemos sólo mirar este universo magnífico, con humildad y apreciación por toda su grandeza. Para algunos científicos esta búsqueda en lo desconocido ha sido una experiencia de conversión al caer en la cuenta de que la humanidad sólo puede llegar hasta cierto punto. El Señor ha llegado a sus vidas con una luz nueva, de gratitud, y de aprecio.

El Cardenal Martini de Milan ha observado que el corazón de Cristo es como un observatorio desde el cual podemos mirar toda la historia. Durante este Tiempo de Adviento, podemos poner nuestros ojos en el lente de nuestro telescopio espiritual y mirar el universo de nuestras vidas. Vemos por la fe, no porla vista, como San Pablo nos lo recuerda. Seremos humildes. Descubriremos. Sabremos más claramente nuestras limitaciones y la necesidad de depender de nuestro Dios. Veremos a Jesús venir de muchas maneras -- algunas claras y distintas, otras pálidas o veladas, o como en el centellar las estrellas.

El Adviento continúa, regocijamos en una espera llena de ilusión....

- Tradujo Hermana Myrta Iturriaga SP

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