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"La visita 'ad limina'"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 22 octubre 1998 del Inland Register)
Estoy escribiendo estos comentarios en mi vuelo de regreso a casa, después de terminar mi visita ad limina que tuvo lugar desde el 4 al 11 de Octubre. A propósito, ad limina literalmente significa "al umbral." Los obispos de nuestra región junto con dos administradores de las diócesis de Boise y Helena), Los Señores Obispos Mons. Brown de Orange, Mons. Hannifen y Mons. Tafoya de Colorado formaron parte de nuestro grupo. El venir a nuestra visita ad limina significa participar en varios eventos. Primero, hay varias reuniones con el Santo Padre, razonablemente éstas visitas privadas con él, se han acortado un poco -- a aproximadamente 10 minutos o menos. Le expresé nuestro amor, nuestra fidelidad y nuestra gratitud. El tenía un mapa en la mesa y me preguntó dónde se encontraba la diócesis. Se interezó por el número de parroquias. Si, ¿Teníamos un número suficiente de sacerdotes para servir las parroquias? Si ¿Había bastantes seminaristas? ¿Qué había sobre las escuelas católicas y con la Universidad de Gonzaga? ¿Cómo es la calidad de vida de las parroquias, y cómo va nuestra preparación para el Júbileo de año 2000, que se apróxima? Después de nuestra visita de informe, hubo una sesión para tomar una fotografía rápida. A tres de nuestros cuatro seminaristas, en Roma, también se les permitío tomarse una fotografía con él. La otras dos veces con el Papa fue una misa, en la mañana temprano, en su capilla privada, después de la cual el Sr. Arzobispo Hurley de Anchorage, en nombre de todos nosotros, ofrecío un mensaje de gratitud. El Papa entonces nos entregó su mensaje, en la liturgia. Una situación cómica se produjo al final de la reunión cuando el Papa nos preguntó si sabíamos lo que era un "Lazy Boy" ("Muchacho perezoso"). Nos tomó un poco de sorpresa la pregunta a todos nosotros, entonces él preguntó de nuevo, por segunda vez. Cuando finalmente reconocimos saber lo que era un "Muchacho Perezoso," él nos hizo notar, apuntándose así mismo: "Ése soy yo." Todo el mundo se rió. Nuestra tercera vez con él fue para el almuerzo. La conversación fue general hablamos de varios aspectos de vida de la Iglesia y de la situación en el mundo hoy. El segundo enfoque de la visita ad limina es celebrar la Misa en las tumbas de San Pedro y de San Pablo. El altar está cerca de la tumba de San Pedro, que está debajo del suelo principal de la Basílica de San Pedro. Tuve el privilegio de presidir a esa Misa. En la homilía reflexioné sobre el contraste entre el humilde y difícil principio de Pedro, crucificado cabeza abajo cerca de este lugar y la gran Basílica donde hoy millones vienen cada año. El ministerio de Pedro continúa con él Papa Juan Pablo II, como Pastor y Jefe de la Iglesia de casi un mil millones de Católicos. La segunda Misa, como parte de la visita, fue la Misa celebrada en la bella Basílica de San Pablo de Nueva Extremadura, en la tumba de San Pablo. El Sr. Obispo Connolly de Baker presidió y nos recordó el espíritu de evangelización de San Pablo, que debería caracterizar nuestra vida, en la Iglesia hoy también. La parte final de nuestra visita constó de varias visitas una diversidad de discaterios, (congregaciones) y concilios. En éste tiempo nos fue posible visitar ocho: la Congregación de la Doctrina de la Fe, de los Obispos, de la Educación católica, del Culto Divino, del Clero, y el Consejo Pontifical para la Promoción de la Unidad cristiana, la Laicidad, y de la Comunicación. Además, una tarde nos invitaron a una recepción en la Villa Stritch (donde viven los sacerdotes de los EE.UU. que trabajan en el Vaticano), y otra tarde para una comida con el Sr. Cardenal Szoka (formalmente de Detroit y ahora presidente de la Ciudad del Vaticano). Las Sagradas Congregaciones para la Educación y el Culto estuvieron especialmente atentas a nuestros informes de la visita Ad Limina que se envió por adelantado. El Cardenal Castrillon de la Congregación del Clero hizo un especial énfasis sobre el tremendo crecimiento del diaconado en los EE.UU. Un tema fuerte en muchas de las discuciones la necesidad de continúar con la evangelización dentro de la Iglesia y la responsabilidad de salir y evangelizar. Dos veces tuvimos pranzo (almuerzo) con nuestros cuatro seminaristas de la Universidad Norteamericana y comida con Michael Mee, Padre Benedictino de la Abadía de Mount Angel, de Oregon. El Padre Michael es un sacerdote que antes pertenecío a nuestra diócesis y ahora estudia un doctorado en Roma. Ésta fue mi quinta visita ad limina. Vuelvo a casa, una vez más, profundamente agradecido por el regalo de nuestra Iglesia universal, por el ministerio de Pedro del Santo Padre, que aunque está delicado de salud y de edad muy avansada lo expende en el servicio al Evangelio y a la Iglesia. Humildemente y muy agradecido como obispo de la diócesis, también creo que de algún modo he traído a la diócesis conmigo en ésta visita, por así decir. Nuestro trabajo y misión continúan con el Santo Padre y de todos en nuestras diócesis y comunidades Religiosas de mujeres y hombres alrededor del mundo. Ojalá Dios nos continúe bendiciéndonos, fortaleciéndonos y guiándonos en el Espíritu Santo.
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