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"Reconciliación: una invitación y un desafío a la amistad"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 2 julio 1998 del Inland Register)
Me imagino que todos nosotros desearíamos saber, cómo podrían haberse evitado estos eventos tan terribles o al menos, como prevenirlos. Hay muchos otros casos de enojos menos violentos que se viven en relaciones dañadas, en rechazos, o amarguras expresadas en un sin número de formas. La violencia, la falta de respeto, de educación y de reverencia por la persona humana, que se han hecho muy comunes en nuestra cultura, tanto que muchos están preocupados en lo que concierne al rompimiento del sentido de comunidad y del respeto de los unos para con los otros. Aún dentro de nuestra Iglesia, los elementos de enojo y de amargura han aumentado através de los años. El odio, el poner nombres, el despreciar, o las actitudes de una rígida auto-perfección, crean una atmósfera que es contraria al mandamiento del Evangelio de amarnos y perdonarnos unos a otros. Tengo la impresión que todo esto nos habla de una crisis de espiritualidad y nos revela por lo menos una débil relación con Dios. Se reconoce la presencia de Dios pero no se vive. Quizás es por eso que San Pablo en su segunda carta a los Corintios (5) dice, "Nos presentamos, pues, como mensajeros de parte de Cristo, como si Dios mismo les rogara por nuestra boca. Déjense reconciliar con Dios! Se lo pedimos en nombre de Cristo." Jesús nos desafía a ser luz para el mundo y sal en la tierra. Debemos recordar como miembros de la Iglesia la llamada constante ser un fermento en la sociedad, dar buen ejemplo de que somos una comunidad de fe que se esfuerza por ser fiel a Jesús, a nosotros mismos y a comunidad, ambas, dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia. No hay lugar para una espiritualidad del "hombre libre" en una comunidad de fe. Por nuestro bautismo, confirmación, y la celebración regular de la Eucaristía, estamos profundamente unidos al Señor y al cuerpo de Cristo. Todos somos afectados de algún modo cuando las relaciones están parcialmente tirantes o rotas. Ésta es la verdadera naturaleza de nuestro condición pecadora que nos deshumaniza, nos aisla, y nos envenena. Para nosotros en la Iglesia, que tenemos una tradición de cómo se pueden reconciliar relaciones rotas, restaurar, o crear nuevamente. San Pedro rompió relación con su negación de Jesús antes de la crucifixión. La relación fue rápidamente restaurada cuando Pedro vio la necesidad por el perdón y la restauración. San Pablo se afligió terriblemente por la violencia en la persecución de los seguidores de Jesús, pero algo pasó en el camino a Damasco cuando Dios lo tocó. Una relación nueva con Jesús empezó, y esta intimidad lo volvió en un testigo poderoso y de gran inspiración. Necesitamos ser honrados con nosotros mismos sobre la calidad de nuestras relaciones o la falta de ellas. Nuestras relaciónes con Dios y de unos con otros no dependen en nuestra perfección. La imperfección para cada uno de nosotros, es parte de la condición humana. Les alentamos a tomar iniciativas de reconciliación y a construir buenas relaciones en nuestras vidas, no espere que los otros hagan el primer paso. Podemos tomar la iniciativa de celebrar el Sacramento de la Reconciliación, por el que somos perdonados por Dios y restauramos nuestras relaciones con nuestra comunidad de fe. Hay algo que pasa cuando celebrarmos el sacramento que nos hace mirar realmente en nuestros corazones y donde verdaderamente estamos de pie con Dios y los unos con los otros. Simplemente no podemos vivir con relaciones rotas o dañadas y esperar ser un buen testigo de la presencia de Jesús. Necesitamos reconciliarnos con Dios, y así tenemos que hacerlo. El Papa Juan Pablo II ha pedido perdóen por la Iglesia debido a algunas de las acciones de la Iglesia en el pasado. Por ejemplo, en su encíclica por la unidad cristiana, "Que Sean Uno," declara: "La Iglesia católica reconoce y confiesa la debilidad de sus miembros, es consciente que sus pecados han sido así traiciones y obstáculos al cumplimiento del plan del Salvador." (3) Hace algunos días, los obispos del Noroeste en nuestra reunión de verano en Pittsburgh hablaron de la necesidad de reconciliación dentro de la Iglesia y cómo en nuestros documentos como pastores necesitamos decir, "en nombre de la Iglesia, sentimos." En la preparación del júbileo para el año que viene nos enfocaremos en "Dios Padre", en la virtud del amor, y de la conciliación, por eso nos esforzaremos en encontrar maneras de cómo tomar iniciativa, lo mismo que Dios siempre toma iniciativa en nuestras vidas. Pueda ser que todos miremos, la conciliación, como una invitación y un desafío para restaurar y ahondar nuestras relaciones. Ninguno de nosotros est´ exento de ese llamado. Aún más importante, tenemos una gran oportunidad. Jesús vino como Salvador y hermano transformar el mundo. Esta misión se nos ha confiado a tí y a mí, "Dios lo hace a través de nosotros." El Sacramento de la Reconciliación tiene este gran poder de trasformación, y por el podemos alcanzar a Dios y a los otros, el tiene gran poder y energía para hacer el cambio, para crear, y para restaurar. Que ésta transformación es posible verdaeramente es una Buena Noticia. Usted y yo con la ayuda de Dios podemos hacerlo realidad! Que Dios les bendiga y les dé su paz.
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