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"La sangre del valor y de la fidelidad"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 11 junio 1998 del Inland Register)
En las semanas recién pasadas, dos eventos en la Iglesia de América Latina han hecho un impacto considerable en mí. Y los dos eventos con personas que vivieron sus vidas en el límite -- no debido a malas decisiones de su parte sino debido a su fidelidad al Evangelio, a la comunidad de la Iglesia, y al bien común. El primer evento fue el asesinato de Obispo de la ciudad de Guatemala Mons. Juan Gerardi, y el segundo fue la matanza de 20 personas en la ciudad de Berrancabermeja en el Noroeste de Colombia. Mons. Gerardi era el obispo auxiliar de la Ciudad de Guatemala y director de la Oficina de los Derechos del Humano de la Iglesia católica en Guatemala. A través de los años, me he encontrado varias veces con él. Mientras fuí miembro de la Mesa Directiva de los Servicios de Ayuda Católica, tuve dos reuniones con él en la ciudad de Guatemala. A fines de los años 70, fue obispo en la parte norte de Guatemala donde se produjeron muchas violencias y desplazamiento de campesinos. Se mataron muchos catequistas y sacerdotes. Después de ir al Santo Padre y dar un cuidoso informe del estado de la situación en 1980, volvió a la ciudad de Guatemala, sólo para que se le negara la entrada a su propio país. No se le permitió bajarse del avión y por unos años estuvo en destierro. Eventualmente, el fue designado obispo auxiliar de la ciudad de Guatemala (porque básicamente su diócesis al norte tuvo que ser cerrada debido a las amenazas a los catequistas, sacerdotes y a él mismo). Continuó su trabajo por derechos del humano y sólo dos días antes de su muerte había emitido un informe en nombre de la Iglesia que en los años de violencia se habían matado 200.000 personas (50,000 de éstas habían desaparecido). Su llamado fue recordar, pero también, más importante, perdonar. Debemos esperar que la muerte del Obispo Gerardi traerá rápidamente a guatemala la justicia y la paz, la que el pueblo tanto anhela. Su vida es una inspiración a todos nosotros: una persona profundamente comprometida a la misión de Jesús y de la Iglesia. Uno también tiene que mirar su vida como una vocación en la que Dios le pide su regalo más grande: su vida. Quizás su martirio puede ser un fermento para la paz en un país hermoso donde la gente ha sufrido tanto. En el mes de agosto recién pasado, como parte de una visita por CRS, visité la ciudad de Berrancabermeja en Columbia. La ciudad esta como a una hora de vuelo al nordeste de Bogota y está localizada en el llano selv&aacite;tico del país. El clima era humedo-caliente cuando aterrizamos. El Obispo Jaime Prieto se encontró con nosotros en el aeropuerto. El es jefe de la Comisión de Justicia y Paz por la Conferencia de Obispos de Colombia. La ciudad es relativamente pobre, en medio de un gran campo de petróleo. Cuando manejabamos a una remota parroquia de San Vicente en la selva, el obispo me señaló unas vacas en un campo. Dijo que el granjero tiene que pagar $5 por cabeza al mes para la protección del dinero. En el camino San Vicente, nos encontramos con una pequeña comunidad de la parroquia, que sólo cuatro días antes había perdido a dos hombres. Uno, padre de una familia de cuatro niños fue muerto; y el otro había desaparecido. El «desaparecido» normalmente nunca se encuentra. Nunca olvidaré del momento, cuando la esposa de uno de los hombres muertos, me abrazaba y sollozaba incontrolablemente. Le prometí mis oraciones por ella, los niños, y su marido. Sent&iaccute; que mi respuesta era tan pequeña en medio de una situación de tanta tragedia y dolor. E-mail me ha mantenido informado sobre lo que Obispo Prieto y la diócesis están haciendo para crear un sentido de paz y justicia siguido a la masacre de hace algunas semanas. En un país donde 97 por ciento de los crímenes quedan impunes, Qué tarea tiene él! Todavía, es una gran oportunidad que la Iglesia tiene para proclamar el Evangelio, trabajar por los derechos humanos, y mejorar el bien común. Celebramos la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo el 14 de Junio. Jesús vertió su sangre y dío su vida por todo la humanidad. Nos alimenta con el «Pan de Vida.» Su gran amor debe ser también nuestro gran amor al Señor y de los unos para con los otros. Pueda ser que juntos busquemos en nuestras vidas cualquier cosa que familiarize este amor o lo relege a segundo lugar o ningún lugar en nuestros corazones. Pueda ser que también sepamos apreciar a aquellos que han derramado su sangre, en fidelidad a su relación con el Señor y con la familia humana. Igualmente, todos nosotros debemos esforzarnos por ser instrumentos de justicia y de paz, y de construir buenas relaciones con nuestros hermanas y hermanos en el Señor Jesús. Bendiciones y gracias llenen la Fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor!
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