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"La experiencia de Pentecostés"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 21 mayo 1998 del Inland Register)
Hablaron en muchos idiomas diferentes. Su valor y su fuerza en proclamar y vivir el Evangelio era para todos evidente. La diversidad moderna de nuestra Iglesia con sus muchos idiomas diferentes y sus diversidades culturales reflejan el Pentecostes que experimentaron ellos en los Actos de los Apóstoles. Eran Partos, Medos, Elamitas, personas de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto, Frigia, Pamfilia, Egipto, Libia, y aún Roma. San Lucas describió muy bien esta experiencia: "se enmudecieron y no podrían hacer nada en absoluto sobre lo que había pasado." El misterio de lo que pasó entonces de como Dios tocó a estas personas no es menos que el misterio de nuestra Iglesia hoy, cuando fuertemente creemos que el Espíritu Santo continúa veniendo y tocando e impactando nuestras vidas profundamente. A todos nosotros nos gusta entender y sabe, tener todas las cuerdas en las manos, estar seguros que tendremos éxito. Todavía, el camino de la fe debe estar en en un contínuo cambio hacia el futuro, desconocido para nosotros pero profundamente confíados en la guía del Espíritu Santo que se manifiesta como la Providencia de Dios. Hoy también reconocemos el trabajo del Espíritu Santo y celebramos sus dones. El Concilio Vaticano Segundo es ciertamente una señal del trabajo del Espíritu. El impacto del concilio esta todavía siendo sentido dentro de la Iglesia y probablemente será sentido por algún tiempo más. Jesús prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo vendría y les enseñaría todo. Todos nosotros continúamos siendo enseñados y sufrimos una contínua conversión de corazón con la guía del Espíritu Santo. A veces nos ponemos impaciente por que la Iglesia o la vida de las personas no cambia más rápido, a nuestro gusto o satisfacción. Todavía Dios continúa sorprendiendónos en nuestros días, lo mismo que la conversión de San Pablo en los tiempos apostólicos debe de haber sido un gran susto para las personas de entonces.
Éste es el tiempo de las Confirmaciones, cuando me muevo de un lado a otro de la diócesis celebrando con las comunidades de las parroquias. Encuentro que nuestros niños y jóvenes toman el sacramento seriamente. Las familias y parroquianos se reunen para éstas celebraciones con un júbilo que es profundamente conmovedor. Este año en mi homilía, me he enfocado en los dones recibidos, en la administración de ellos y la responsabilidad que tenemos estar abiertos a usar estos dones. San Pablo nos recuerda que la manifestación del Espíritu se nos da para el bien común. El mejor uso que hagamos de nuestros dones, la mayor paz que tendremos y la comunidad podrá compartir nuestra porción con mayor generosidad. Si no estamos abiertos a los dones del Espíritu en nuestros corazones, entonces ambos, nosotros y la comunidad, seremos menos ricos debido a ese falta de generosidad. También podemos estar atentos a la forma cómo el Espíritu Santo ha trabajado en nuestro medio como una comunidad de la diócesis através de los años. Pensamos en los primeros misioneros y familias que vinieron aquí a unirse a los Primeros Americanos, claramente es una señal del Espíritu. En tiempos más recientes observamos el desarrollo tremendo de los ministerios laicos y los servicios de la Iglesia en hermanos y hermanas que atiende en sus necesidad. Las misiones de la Educación Católica y el Cuidado de la Salud han sido y siguen siendo pasadas a los laicos. Aún con el número de mujeres y hombres Religiosas/os en décadas previas, no habría un número suficiente para proveer de personal nuestras instituciones de aprendizaje y del cuidado de la salud hoy día. El 6 de junio en el Seminario Bishop White, celebraré la instalación como lectores de 12 candidatos para el diaconado en el tiempo que se preparan para su ordenación. La restauración del diaconado ha sido una vez más una gran señal del movimiento del Espíitu en muchas partes del mundo. La teología del diaconado continúa profundizándose y se refina dado nuestra experiencia en la Iglesia. También, en junio celebraremos el 20avo. aniversario de la ordenación de los primeros diáconos en la diócesis. Su presencia ha sido ciertamente una gracia y bendición. Este año 1998 ha sido designado por Papa Juan Pablo II como el año del Espíritu Santo para prepararnos para el milenio. Tenemos una excelente oportunidad para reflexionar en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en nuestras propias vidas. Durante este año sobre todo, podemos estar más en contacto con esos dones con los que se hemos sido sellados en el sacramento de la confirmación. Cuando enfrentamos el futuro, juntos como Iglesia, no debemos dejar que seamos esclavizados por el miedo o la oscuridad de nuestros tiempos, sino creer profundamente que el Espíritu Santo velará por nosotros y nos llevará a la plenitud del Reino de Dios. La Fe y la confianza deben ser nuestras guías en nuestra camino como peregrinos. Que Dios les bendiga y les dé su paz. Un bendito Pentecostés!
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