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"Sobre visiones y milagros"por el Sr. Obispo Mons. William S. Skylstad (Del edición 30 abril 1998 del Inland Register)
En la Sagrada Escritura encontramos muchos casos en los que Dios se comunica con el pueblo de maneras muy extrañas. Moisés y la zarza ardiendo, Elías y la suave brisa, el sueño de San José, San Pablo en el camino a Damasco: todos estos son casos raros de experiencias de comunicación con Dios. Santa Margarita María de Alacoque fundó la devoción al Corazón Sagrado de Jesús basada en su conversación con el Señor. En el Antiguo Testamento la separación del Mar Rojo, las plagas, el maná en el desierto, y el cuento de Jonás son todas historias que hablan del poder de Dios en nuestras vidas. Jesús cura la lepra y las enfermedades mentales, levanta a los muertos a la vida, y calma el mar en tormenta. En siglos recientes las devociones a Nuestra Señora de Guadalupe, de Lourdes, y de Fatima han surgido. Supuestamente ha habido visiones en Medjugorje, acompañadas con señales. Marcas en el camino al Valle de Yakima y estatuas que lloran alrededor del mundo han atraído gran atención. Algunos de estos episodios han sido acompañados por mensajes de condenación y oscuridad así como sentimientos contra el Vaticano II -- por ejemplo, los eventos a Bayside, New York, con visiones que la Diócesis de Brooklyn ha juzgado que no son auténticas. ¿Qué debe hacer uno con todo esto? Nuestra actitud debe estar con la Iglesia. La Iglesia ha reconocido milagros, y de hecho generalmente los requiere si una persona debe ser declarada santo/a. También es muy cuidadosa en lo que a esto se refiere. La Iglesia nunca ha proclamado revelaciones privadas o visiones como una materia de fe. En el capítulo sobre María en Lumen Gentium, la Constitución Dogm´tica del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, no hay ninguna mención sobre visiones, pero sí este capítulo promueve una devoción sana a María. Lo mismo, en lo que se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica. Un artículo por el Padre Jesuíta Avery Dulles apareció recientemente en la revista America. En el artículo titulado "María al Amanecer del Nuevo Milenio," el Padre Dulles afirma que las líneas básicas de devoción católica a María ahora están más allá de discusión. Ella está enraízada en la Sagrada Escritura, en las oraciones, en la poesía, en las canciones y en el arte, en las escrituras de los santos y de los teólogos y en las enseñanzas de los Papas y de los Concilios. María fue concebida y nacío sin pecado original, fue virgen toda su vida, estaba llena de gracia, fue ejemplar en su fe, en su esperanza, y su amor a Dios y en su preocupación generosa por otros, y al final de su vida en la tierra en cuerpo y alma fue llevada al cielo donde continúa ejerciendo su maternidad espiritual. Como el Padre Dulles declara, esta enseñanza dentro de la Iglesia es irrefutable. En los últimos años ha habido un creciente énfasis en María como Madre de la Iglesia. Cuando Jesús le dice a Juan al pie del cruz, "he ahí a tu madre," este momento nos trae la ternura divina de Dios. Necesitamos imitar tambi´e;n esa ternura. Jesús condena fuertemente a esos que buscan señales: "¿Por qué esta gente pide una señal? Yo les aseguro: A ésta gente no se les dará ninguna señal" (Mc 8:12). Aquellos que buscan señales corren el riesgo serio del desequilibrio en su vida espiritual. Nuestra búsqueda debe ser por una santidad de vida. Buscar señales puede llevar también a un debilitamiento de la fe. La fe para nosotros tiene que ser un salto en lo desconocido. Además, si el buscar señales se vuelve intenso, se puede herir a una persona con grandes engaños que piensan que son reales. Si uno quiere señales de la acción y bondad de Dios, todas ellas están a nuestro alrededor: las galaxias en el universo, el cuerpo humano, el proceso del nacimiento en la transición del bebé de un mundo líquido al mundo del aire, o la molécula DNA. Mientras fue obispo de Helena, el Arzobispo Alex Brunett de Seattle emitió una carta pastoral sobre la devoción a María. Al final de la carta, indicaba que una devoción sana a María está marcada por cuatro formas de orar: 1. El tener un espacio muy especial en nuestras vidas por la celebración Eucarística, la Misa no es tiempo para devociones privadas, pero sí una oportunidad para darnos más totalmente a la acción de la Iglesia unida en oración. 2. La oración de la Iglesia, la Liturgia de las Horas, se ofrece una amplia variedad de reflexiones y oraciones siguiendo el ciclo de la vida de Cristo. El Magnificat de María (Lc 1: 46-55) se reza en cada oración de la tarde o vísperas. 3. El Angelus es una oración que tradicionalmente se ha rezado a las 6 de la mañana, mediodía, y 6 de la tarde. La oración del Angelus es específicamente Mariana. 4. El rosario que se puede remontar al siglo doce, se ha vuelto una forma muy popular de oración dentro de la Iglesia. El ciclo de los misterios facilita nuestra reflexión piadosa en algunos misterios básicos de nuestra fe. Yo tengo la esperanza y rezo para que este mes de Mayo sea para todos nosotros un tiempo de ahondar en una devoción Mariana auténtica y apreciar el regalo que ella ha sido para nosotros como la madre de la Iglesia. Su oración , "Proclama mi alma la grandeza del Señor," continúa desafiándonos a ser una respuesta viva en nosotros. Que Dios les bendiga y les dé su paz.
Vocación: Llamada de Dios a servir Algunas de las historias más cautivadoras en la Biblia son las extrañas maneras como Dios llama a las personas a servir. Abraham y Sara responden a la invitación de Dios. Moisés lleva al pueblo de la esclavitud a la tierra prometida. Samuel tiene que ser llamado tres veces antes de reconocer por fin, la voz de Dios (I Samuel 3). Isaías piensa que no es digno (Isaías 6). En el Nuevo Testamento tenemos a María, a la mujer Samaritana en el pozo (Juan 6), a los ap&pacite;stoles que dejan sus redes, y a San Pablo que es un ejemplo del poder de Dios cuando toca nuestras vidas. Cada uno de nosotros es llamado por Dios a ser una persona santa e invitado para cumplir un papel único en la vida. La vocación de cada persona encaja en el mosaíco del pueblo de Dios. San Pablo nos dá una visión, no muy común de ésta interrelación, cuando habla de cómo nuestros dones encajan en la comunidad, así como las partes del cuerpo. Debemos tratar de afirmarnos y apoyarnos unos a otros y de este modo ser fieles a ésta invitación singular de Dios. Hablamos hoy sobre una escasez de vocaciones en la Iglesia. Dios no nos traiciona, pero nosotros podemos traicionar a Dios y al pueblo de Dios, si no respondemos con fidelidad y con generosidad a nuestra llamada. Oremos para que aquellos que son llamados a ser religiosos/as, Hermanos/as, diáconos o sacerdotes respondan con generosidad. Oremos por aquellos que han sido llamados a ser solteros/as, para que su generosidad continúe inspirándonos. Oremos por aquellos que han sido llamados a ser esposos/as, madres o padres para que sean bendecidos en su desafiante papel de vida. Continuémos orando, los unos por los otros, para ser fieles a la invitación de Dios en nuestras vidas. Nuestra fidelidad a Dios y de los unos para con los otros, puede ser, de hecho una gran bendición.
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